domingo, 4 de septiembre de 2016

A veces siento el viento contra mi mejilla y sonrío, al igual que una tonta, inexperta ante las caricias fortuitas y sorprendida por el contacto. 
Hace dos días desde mi encuentro en la cafetería con aquel hombre de ojos azules, todavía puedo sentir sus dedos recorriendo mi muñeca. Él no es como los demás, al menos no en mi mente, allí donde mis pesares descansan él se ha regido ganador.

Cada noche me tiendo sobre la cama y sonrío. Sé que cuando cierre los ojos le volveré a ver. Tal vez hoy nos besemos, realmente no tiene importancia. Ayer él me acarició de manera exquisita, a través de mis dedos recorrió mi cuerpo y masajeó los moratones. No tuve que explicarle lo que me había pasado ni esconder las cicatrices, él tampoco me reclamó nada. Traté de sonreír ante tanta ternura, de sentir alegría, y sin embargo mezcladas con aquel orgasmo arrebatador las lágrimas me sacudieron.

He de volver. Deseo, anhelo verle con todas mis fuerzas... ¿Y qué si él me descubre y me mata? ¿Sigo viva realmente a su lado? Es cobardía, lo sé. Debería cruzar la puerta y marcharme, pero quizás lo poco que me quedan sean estos golpes, y las cada vez más escasas disculpas. En ocasiones me veo a mi misma recordando, tantas buenas palabras que auguraban un gran futuro. El destino es un niño travieso y sin proponérselo que me hecho la zancadilla...

¿Debería sentirme culpable por desear a otro hombre? ¿Debería sentirme mal por no quererle más a mi lado?

Solo con recordar aquellos ojos cielo siento como me humedezco, mis mejillas sonrojadas casi me delataron cuando Juan llegó a casa. Una pequeña mentira y la fiebre como escusa. No trató de comprobarlo, ni se interesó más en mi estado. Se quitó la chaqueta, me miró de arriba a abajo y se sentó a ver la televisión. ¿Es eso lo que quiere? Mejor, no soportaría que estropeara la huella, que aunque en sueños, ha tatuado sobre mi piel Paul. Todavía siento los últimos efectos del orgasmo, demasiado sensible para los pantalones me he puesto una falda larga, y aun así varios escalofríos me han hecho sonreír. 

Mañana volveré a la cafetería ¿Me seguirá esperando?

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